¿La Generación Z es menos inteligente? ¿Cuál es el verdadero problema?
Por Victoria Rosano
Existe un debate que está generando preocupación entre padres y educadores: estudios recientes han señalado un descenso en ciertas mediciones de habilidades cognitivas entre generaciones jóvenes. Rápidamente, muchos apuntan al celular como el culpable, pero la conversación debería ser mucho más profunda.
El verdadero potencial de un joven no se mide por la cantidad de información que puede acumular. Memorizar no es aprender.
La pregunta entonces es: ¿estamos criando jóvenes que saben más, o que saben pensar?
Investigaciones recientes respaldan esta inquietud. Un estudio de las universidades de Northwestern y Oregon, que analizó pruebas de aptitud en Estados Unidos entre 2006 y 2018, documentó una caída sostenida en las puntuaciones de razonamiento verbal, matriz visual y resolución de problemas, un fenómeno conocido como el “efecto Flynn inverso”.
Sin embargo, los investigadores señalan que este descenso no implica un deterioro biológico de la inteligencia, sino un cambio en los entornos de aprendizaje y las dinámicas socioeducativas.
Por su parte, análisis sobre desarrollo infantil publicados por la American Psychological Association vinculan la disminución del pensamiento autónomo y de la salud mental en jóvenes con la reducción del juego independiente y la sobreprotección parental.
La evidencia sugiere que la falta de oportunidades para resolver problemas por sí mismos limita la capacidad de adaptación cognitiva, desplazando el origen del problema de las pantallas hacia los modelos de crianza.
La ciencia lo demuestra. Los jóvenes más inteligentes no siguen el sistema tradicional. Somos los padres quienes debemos cambiar algunas prácticas cotidianas para ayudar a nuestros hijos a desarrollar pensamiento crítico, autonomía, creatividad e inteligencia emocional.
Entre sus recomendaciones:
1-No dar siempre la respuesta fácil. Permitir que los hijos piensen, investiguen y lleguen a sus propias conclusiones.
2-Permitir el “desorden productivo”. No todo tiene que estar perfectamente organizado o controlado para que exista aprendizaje.
3-Normalizar el error. Que los hijos vean que equivocarse es parte del proceso, incluso cuando los padres se equivocan.
4-Fomentar el debate y el intercambio de ideas. Enseñarles que cuestionar y tener una opinión diferente también es aprender.
5-Respetar los pasatiempos “sin sentido”. El juego, la curiosidad y explorar intereses pueden desarrollar creatividad y autonomía.
6-No vivir bajo rutinas rígidas. Dejar espacio para la improvisación, la adaptación y la resolución de problemas.
7-No reprimir las emociones. Enseñar a los jóvenes a identificar, expresar y gestionar lo que sienten, en lugar de simplemente decirles que “no lloren” o “no se enojen”.
Sobre la autora:
Victoria Rosano es educadora en liderazgo, empresaria y fundadora de Elevia Academy.
Su website: www.eleviaacademy.com

